Satsang Mayo

DECID  “SI” A LA VIDA

Aceptar es decir sí a todo. Aunque todo vaya mal en vuestra vida, debéis decir: “Sí, acepto”. El río nos acoge a todos. La Naturaleza entera dice sí, excepto los seres humanos. Un ser humano puede aceptar o rechazar. En algunas ocasiones dice sí, pero la mayoría de las veces dice no. No considera la vida como un regalo, sino como un derecho. Hasta su felicidad la considera un derecho adquirido. Sólo cuando contemples la vida y lo que ella te ofrece como un valioso regalo, podrás aceptarlo todo. Si, por el contrario, insistes en considerarla como un derecho, te será imposible decir sí, solo podrás decir no. Ese es vuestro error. Si siempre dices no a la vida y rechazas todas la experiencias que ella te ofrece, serás desdichado y te sentirás aburrido. Pero si aprendes a aceptar, a ver la vida y cada una de las experiencias que te otorga, como un regalo, y no como un derecho, nunca te dominará el aburrimiento.

Cuando estás lleno de amor y compasión no puedes rechazar nada, únicamente aceptar. Amma sólo saber decir sí. Nunca dice no y, por lo tanto, nunca se aburre. Decir “Sí” es aceptar. Cuando hay aceptación, desaparece el hastío.

La palabra “no” sólo existe donde hay dualidad. Cuando rechazas la vida, te encuentras triste e insatisfecha. Protestas por todo y no consigues ser feliz. Te sientes insignificante e insatisfecho. ¿Por qué ocurre así? Porque jamás se cumplen tus deseos, siempre crees que te falta algo Quieres dinero, fama, una casa nueva, un coche nuevo…, la lista sería interminable. De este modo te sientes triste y desgraciado. La vida se torna excesivamente árida. No paras de quejarte, nada acaba por satisfacerte. ¿Por qué? Porque te empeñas constantemente en decir no. Por tu falta de aceptación, eres incapaz de decir si a lo que la vida te ofrece.

La gente no cesa de perseguir objetos mundanos. Po eso, y a pesar de toda su educación  y conocimiento intelectual, la gente sigue sintiéndose desdichada e insatisfecha. Incluso los más ricos se sientes desdichados. Se hastían fácilmente y su insatisfacción les provoca constantes y nuevos deseos. Sienten que siempre falta algo en sus vidas para sentirse completos.

La vida es un don precioso. Sin embargo, no usamos nuestro discernimiento para realizar una buena elección. Elegimos las cosas equivocadas y terminamos sintiéndonos desgraciados. El problema radica en nuestro interior. Es nuestra actitud equivocada la que engendra insatisfacción y aburrimiento. Damos demasiada importancia a lo que solo es secundarios, y dejamos de lado lo que es esencial y primordial.

La Madre pasó entonces a relatar una historia para ilustrar esta enseñanza.

Una persona sufría dos clases de padecimientos. Padecía de la vista y también tenía problemas digestivos. Fue a consultar a un médico y éste le recetó un colirio para los ojos y un jarabe para el estómago. Tenía que ponerse en los ojos unas gotas de colirio y tomar varias cucharadas de jarabe para mejorar su digestión. Pero desgraciadamente, el paciente, en su nerviosismo, confundió las instrucciones del médico. Cuando llegó a su casa, se bebió una porción del colirio y en sus ojos se echó unas gotas del jarabe. Consecuentemente, los dos problemas se agravaron.

La misma gran confusión reina en nuestras vidas. Si queremos llevar una existencia plena de satisfacciones de beatitud, debemos dar mucha más importancia al alma, a la realización del Ser, y otorgar menos importancia al cuerpo. Sin embargo, actuamos a la inversa. Confundimos los recipientes y aplicamos el remedio equivocado a la enfermedad inadecuada. Toda la energía, cuidados y atenciones que deberíamos dedicar al alma, las concentramos en nuestro cuerpo, en embellecerlo e idolatrarlo. El alma apenas recibe una gota de nuestra atención, la dejamos abandonada a su propia suerte. En nuestra confusión, adoptamos una perspectiva errónea, pensamos y actuamos de manera negativa, lo que engendra hastío e insatisfacción.

Una vez establecido en el Ser, estás permanentemente dispuesto a dar, no deseas nada. En tal estado, no es posible el aburrimiento. Amma sólo quiere dar, no necesita nada, ni espera nada de nadie. Ella se conforma con lo que la vida Le regala. Por eso Amma no se aburre jamás.

Para poder dar sin cesar, debe desaparecer el sentimiento de separación, todo sentido de dualidad, lo que significa trascender la mente. Sólo entonces podrás dar verdaderamente, sin desear, tomar o recibir nada. El aburrimiento proviene de tu egoísmo y de tu visión egocéntrica. Cuando estás centrado en el Atman, cuando tu centro cambia del yo al Ser y careces de otro centro, queda completamente liberado del tedio.

El amor de Radha por Sri Krishna y el amor de Mira por su amado Giridhar no se extinguieron, son eternos. Ninguno de ellos esperó recibir nada a cambio por su amor. Todos ellos entregaron en abundancia, vivieron en la dicha y la plenitud, y jamás se aburrieron. Todo lo que recibían, fuera bueno o malo, lo apreciaban y lo aceptaban de buen grado. Por ello siguen habitando en nuestros corazones. Se volvieron inmortales porque renunciaron a todo. Sólo empiezas a vivir de verdad cuando mueren tu ego y tu mente. Radha y Mira dieron muerte a sus egos. Mira decía: “Oh, Giridhar mío, no importa si no me amas. Pero mi Señor, nunca me arrebates el derecho de amarte”. Esta era su actitud. Radha y Mira eran totalmente desinteresadas, su amor era puro, carente de ego y de pensamientos egoístas.

Cuando vives obedeciendo a tu mente, actuando según sus caprichos y fantasías, no eres tú mismo, sino la mente. Esta forma de actuar constituye una verdadera locura. Es como si estuvieras muerta, ya que estas viviendo como si tú fueras un simple cuerpo y una mente, sin reconocer tu verdadera existencia como el Ser. Si crees que tan sólo eres un cuerpo, vives ilusoriamente. ¿Acaso no es una locura considerar real lo ilusorio, superponer a la realidad aquello que no pertenece a ella? Mientras vías ven la mente, estarás bajo el dominio del aburrimiento.

La opresión y el ruido constante de tu mente constituyen una pesada carga que aumenta a diario y te abruma. Lo lamentable es que tú, e portador de esa carga, no eres consciente de su gran peso

Al creer que tu hastío y tristeza provienen de situaciones externas o de otras personas, vas de un lado a otro, acumulando experiencias de todo tipo hasta que, finalmente, quedas exhausto, y te hundes en tu propio fracaso. ¿No deseas eliminar la carga de tu mente para sentirte libre y en paz? “Sí, me gustaría”, responde la mayoría de la gente. Pero no quieren abandonar aquello a lo que se aferran. Creen que si lo abandonan se tornarán vulnerables y perderán su seguridad.

Lectura de Satsang, texto Despertad, Hijos Vol. VII

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